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sábado, 4 de abril de 2015
Sor Oneida Jáquez Paulino

Nací en un hogar muy bonito, cristiano, que me enseñaron a rezar todos los días el rosario en familia. Pensaba con mucha frecuencia lo grande que era Dios, al ver a mis padres que se arrodillaban, papá delante de la Virgen de la Altagracia y mamá delante del Sagrado Corazón de Jesús, nosotras tres, las hermanas, detrás de ellos, día tras día. Esto fue calando en mí un deseo profundo por conocer más a Jesús y un mayor compromiso cristiano en mi parroquia. Mi amor a la Virgen crecía. Dentro de mí algo me faltaba, el Señor me pedía más. En un retiro con religiosas me pregunté: ¿Jesús que quieres de mí? Hice experiencias vocacionales en varias congregaciones. Me sentía bien con ellas. Disfrutaba el día que pasaba con ellas, pero al no saber cuál prefería llegó un momento que pensé desistir y comencé la universidad.

El día menos pensado fueron tres Seminaristas a hablar de la vocación y de su experiencia vocacional. Uno de ellos se me acercó y me preguntó si yo quería ser religiosa y le dije que sí, pero que ya había visitado varias congregaciones pero pensaba que no era mi lugar. Me dijo, mira te dejo esta hoja que habla de las Siervas de María, tengo una tía allí. La cogí con mucha ilusión. Ellas me invitaron al aspirantado a un retiro de tres días la Semana Santa del 1989, fuimos 10 jóvenes. Cuando llegó el día tenía catarro y me negué ir pero la Hermana me dijo que de ninguna manera dejara de ir, pues “somos enfermeras y te vamos atender”, como así fue. Llegue al Aspirantado de Santiago, y me recibió un grupo grande de aspirantes con la Directora y la Promotora. Aquello fue impresionante lo que sentí, no tengo palabras para expresarlo. Sentí que Dios me decía: “aquí está tu lugar”, fue en el momento que rezaba las tres Ave Marías al llegar al convento. Disfruté esos días y le dije a la Directora que quería entrar lo más pronto posible. Me pusieron la fecha y entré ese mismo año. Me costó la despedida de mis queridos padres pero la voz de Dios es más fuerte que todo.

Gracias, Señor, por mi vocación. Exhorto a las jóvenes que se pregunten qué desea Jesús de sus vidas y no tengan miedo a decirle: “Sí, Jesús, envíame donde tú quieras”.

Sierva de María Ministra de los Enfermos
Nacionalidad: Dominicana
Edad: 46 años
Ingresó al Instituto: 1991

Por: Madre Elvira Perez info@siervasdemariaantillas.org
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Suframos algo por amor del que tanto sufrió por nosotros.
Santa María Soledad Torres Acosta

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Agradecemos al Sr. Ricardo Rivera, del Semanario Católico “El Visitante” de Puerto Rico, por algunas de las fotos.
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