La pandemia del Coronavirus, “devuelve a la humanidad y a la Iglesia a Dios, a lo esencial de la fe, a la oración y a la comunión en el Espíritu”.
Así lo expresó el Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, el Cardenal Marc Ouellet, en su carta dirigida a la Madre Priora Proto-Monasterio de las Hermanas Clarisas de Asís.
En la misiva, les dice a las hermanas que “en esta hora en la que –a pesar del heroísmo de cuantos sirven en la sanidad pública–, tantas familias sufren la enfermedad y la muerte de sus seres queridos en la soledad sin poder acompañarlos ni decirles adiós, vosotras, contemplativas del Crucificado, estáis en las cabeceras de sus camas, vosotras, a quienes el Espíritu dilata el corazón hasta las fronteras más ocultas de la humanidad sufriente”.
“¿Cómo será esto? pregunta una generación paralizada por la mundialización de la indiferencia y cegada por el culto a Mammón [culto al dinero como dios y el amor a las cosas materiales]. Y sin embargo, ante la gran prueba actual, cada conciencia es interrogada por este parón mundial que se parece a una cuaresma universal. El miedo al incontrolable contagio, el desplome financiero de la bolsa y la parálisis social obligan a plantearse preguntas más esenciales”, amplía.
Aunque la carta va dirigida a las hermanas, es posible aplicarla a todos los fieles de la Iglesia en medio del aislamiento social, de modo que todos puedan renovar una Alianza con Dios, mediante la conversión del corazón y la oración.