Inicia la historia de José

Inicia la historia de José

José cuidaba las ovejas junto con sus hermanos y contaba a su padre la mala conducta de ellos. Jacob amaba a José más que a sus otros hijos y le consiguió una túnica muy elegante. Sus hermanos comenzaron a odiar a José y ni siquiera lo saludaban. José tuvo este sueño que contó y les dijo: “Soñé que todos estábamos en el campo haciendo manos de trigo. De pronto mi montón de trigo se levantó y quedó derecho y los montones de trigo de ustedes se pusieron alrededor y le hicieron reverencias”. Y sus hermanos le contestaron: “¿Quiere decir que vas a ser nuestro jefe y nos va a mandar?” Y lo odiaron todavía más a causa de su sueño.

Después José tuvo otro sueño y lo contó así: “En mi sueño vi que el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias”. Entonces su padre Jacob lo reprendió diciendo: “¿Acaso es que tu madre, tus hermanos y yo te vamos a hacer reverencias?” Su padre pensaba mucho sobre esta situación, pero crecía el odio y la envidia de sus hermanos.

Un día Jacob dijo a José: “Tus hermanos han ido a pastorear muy lejos. Quiero que vayas y me traigas noticias de ellos”. José se fue a buscar a sus hermanos y, cuando éstos lo vieron venir desde lejos, se dijeron: “Miren, ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo. Lo echaremos en un pozo y diremos que un animal salvaje se lo comió. Y veremos qué pasa con sus sueños”. Cuando Rubén oyó esto quiso librar a su hermano y dijo: “No lo matemos. No derramen sangre. Échenlo en ese pozo que hay en el desierto. Pero no lo hieran”.

Cuando José llegó, ellos le quitaron la túnica, lo agarraron y lo echaron en un pozo que estaba vacío. De pronto vieron venir una caravana de negociantes que viajaban para Egipto y entonces Judas dijo a sus hermanos; “¿Qué ganamos con matar con matar a nuestro hermano? Mejor vamos a venderlo, porque después de todo es nuestro hermano. Lo sacaron del pozo y lo vendieron por veinte monedas. Los comerciantes se lo llevaron a Egipto.

Sus hermanos tomaron la túnica de José y la mancharon con la sangre de un cabrito que mataron. Luego se le enviaron a su padre con este mensaje: “Encontramos esto. Fíjate a ver si será la túnica de tu hijo”. Jacob la reconoció: “Sí, es la de mi hijo… Todos trataban de consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Al contrario, lloraba por su hijo y decía: “Guardaré luto por mi hijo”.