SILENCIO: Hoy, nos cuesta bastante aceptar el silencio. Estamos rodeados por todas partes de un ruido ensordecedor. Ese ruido puede impedir que nos oigamos a nosotros mismos, que oigamos la voz de Dios que nos habla en nuestro interior.
SILENCIO: Cuesta a veces callar en los momentos difíciles, en las penas amargas y en las voces íntimas, en las calumnias mordaces y en las alabanzas excesivas, en los pareceres hirientes y en los vaivenes de un corazón que se aleja.
SILENCIO: Silencios que traen como consecuencia la inmersión en el Dios que portamos en nuestra intimidad.
SILENCIO: Si miramos el bosque, lo veremos lleno de vida; pero la flor que abre sus pétalos lo hace en silencio; la violeta que esparce su perfume, la enredadera que trepa los altos, la gramilla que alfombra las ramas que se extienden, el agua que se desliza,.. todo eso es silencio, todo eso es vida y da vida.
SILENCIO: La semilla que cae en la tierra, muere y germina se hace en silencio.
Algunos podrán preguntar: ¿Por qué? ¿Para qué? Mas vale escuchar el reproche de un sabio que oír el canto de los necios; porque como el crepitar de las espinas bajo la olla, así es la risa de los necios, y también esto vanidad. (Ecl.7, 5) Muchas veces será preferible el silencio a tu alrededor que no vanas palabras: si las palabras son plata, el silencio es oro, y en ese caso, el silencio será muy útil para alcanzar el cielo.
Jesús nació en Belén, en silencio, en un pesebre y trajo al mundo, la paz, la esperanza e inició la redención de la humanidad.