El amor a Dios fue la brújula de toda su vida
Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Jn. 3,16)
El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad, por el amor a Dios, como respuesta al amor que el Padre nos tiene, hasta darnos a su Hijo único, para que viéndolo a Él, descubramos el océano de caridad que en Dios se encierra y su misericordia infinita hacia los hombres. Sin este amor como base, las virtudes carecen de sentido y de consistencia.
Bien podemos afirmar que la Venerable Soledad Sanjurjo tenía a Dios como el centro de su vida, siendo el punto de partida y la meta de todo cuanto emprendía y, todo su afán era que los demás lo amaran con un amor sin límites. Ese amor llenaba toda su vida y por amor, se consagró a Dios por entero siendo muy joven, permaneciendo fiel durante toda su existencia. Así la vemos pronta para adaptarse a los diferentes destinos que, en el transcurso de su existencia, se le van designando y los cambios que se van produciendo en la sociedad que le toca vivir. Su respuesta es la de una persona madura que no se aferra a lo ya conocido, sino que cada situación nueva, le ayuda a afianzarse, más y más, en su consagración. Su amor a Dios se traducía en una vida de íntima unión con Cristo, en el trato amoroso con Él como a verdadero Esposo de su alma y todo ello por encima del sentimiento personal.
Como responsable de guiar a sus hermanas y orientarlas hacia el Señor, las exhortaba a vivir sólo para Él, manifestándoselo durante el día y sobre todo en el momento de la Comunión. Solía decir a la religiosas jóvenes: “en la medida que estén unidas a Cristo, poco a poco se irán desprendiendo los otros amores menos sobrenaturales” y las quería alegres pues la vocación que habían recibido era en verdad una fuente de felicidad.
Recalcaba incansablemente que el ideal de las almas consagradas, es el Señor y que caiga lo que caiga, Él nunca nos iba a fallar por lo que, tenían que serle siempre fieles. Inculcaba, el cumplimiento de las Constituciones como un camino seguro para hacer vida el ideal de una Sierva de María.
Cuidaba, dicen las testigos, porque nuestra respuesta a Dios fuera fiel e incondicional, porque nos centráramos en la vocación. Si algo le hacía sufrir profun-damente eran las infidelidades a Dios, a lo que le habíamos prometido en nuestra profesión. Aunque era difícil el que Madre Soledad manifestara sus sentimientos, sin embargo, cuando una profesa o novicia dejaba el Instituto, sufría profundamente. Actitud que no pasaba desapercibida a los laicos que trataban con ella, los que señalan que, el día que se marchó una religiosa, fue la única vez que la vieron triste. En estos casos, su dolor era manifiesto y encargaba a las hermanas que rezaran mucho por quien las había dejado, para que al menos fuera del claustro, se mantuviera como fiel cristiana. Del mismo modo era un motivo de gozo inmenso cuando los enfermos se reconciliaban con Dios, con la Iglesia y con los suyos.
La caridad llenaba toda su vida, y exhortaba a las hermanas para que nada de lo tuvieran que hacer, dejara de estar sazonado por el amor a Dios. Afirma una testigo: «Me dijo que tenía que trabajar con mucho amor. Si vas a cocinar, si vas a fregar, debes hacerlo bien; en tu interior vas a decir: ‘Todo por amor a Dios. Lo que se hace por Dios, se hace bien y por amor’. Son palabras exactas que me acuerdo de ellas».
Verla participar en la Liturgia era una referencia pues se percibía que no daba lugar a las distracciones sino que estaba compenetrada con aquello que se celebraba. Era la primera en llegar a la capilla y la última en retirarse a descansar cuando finalizaba la jornada. Este amor a Dios, no sufrió mengua, pues, todo en ella era un acto de amor a Dios: “Todo lo aprovechaba como ocasión de demostrarle a Dios ese amor que le profesaba. Así se puede afirmar que vivió los últimos siete años de su vida, retirada en la casa de San Juan, en un acto continuo de amor hacia Dios, ofreciendo todo porque el mundo lo amara. Viviendo en su presencia. Comulgando espiritualmente muchísimas veces al día y sirviendo sin cesar a las hermanas en todo con mucha humildad y sencillez.
Y cuando ya adorar era su mejor servicio, siempre que sus trabajos se lo permitían, se retiraba al coro de la capilla de San Juan y pasaba largos ratos ante el Cristo que allí se venera, y ante el que hoy descansan los restos de la Venerable Soledad Sanjurjo, como si ante esta hermosa imagen y de frente al sagrario, su oración continuara por el mundo y por cada uno de cuantos acuden a implorar su ayuda.
Venerable Soledad Sanjurjo, ruega por nosotros.
ORACIÓN
Para obtener del Señor gracias por la intercesión de la Venerable Soledad Sanjurjo. Padre lleno de bondad que en la Venerable Soledad Sanjurjo nos diste a conocer la riqueza de gracia que encierra “una vida escondida con Cristo en Dios”. Concédenos esa fe inquebrantable que llenó y transformó su existencia para que como ella sepamos descubrir tu presencia en nuestras vidas y nos consagremos en tu nombre al servicio de los hermanos, especialmente los más necesitados. Te pedimos que glorifiques a tu fiel sierva y nos concedas la gracia que a su intercesión hoy confiamos (hacer la petición) para tu mayor gloria y edificación de la Iglesia. Amén.
3 Gloria al Padre.
De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la autoridad eclesiástica y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.
Nota: Para envío de relaciones de gracias, dirigirse a un convento de las Religiosas Siervas de María Ministras de los Enfermos o a la siguiente dirección:
Curia General
Serve di Maria
Via Antonio Musa, 16
00161 Roma –Italia.
GRACIA OBTENIDA
Como médico cirujano, declaro lo siguiente:
Que en la Clínica de Puerto Plata, República Dominicana, me presentaron el caso del niño, del que siempre pensamos, tenía una apendicitis, como se deducía de las pruebas de laboratorio.
Intervenir quirúrgicamente al niño hubiera sido fatal, pues estaba pasando un proceso infeccioso de broncopneumonía severa. Se le indicó un tratamiento de antibióticos, mas el niño continuó en estado delicado y al hacerle una sonografía, ésta reveló el abdomen lleno de pus debido a que la apéndice se había perforado.
Se decidió la operación y al abrir sólo se encontró un líquido claro encapsulado. Se le extrajo alrededor de 1,500 cc de dicho líquido. No había signos de ninguna infección como revelaban los estudios.
Al niño se le aplicó anestesia general endovenosa. A pesar de su delicado estado de salud y su debilidad cerebral, salió muy bien de la intervención y su recuperación fue satisfactoria.
Cuando la ciencia no puede explicar algo, se dice que hubo un error de diagnóstico. Pero eso lo diría quien no cree en Dios. Puedo decir con certeza que en el caso de este niño, la mano divina estuvo presente.
En la sala de operaciones estuvieron conmigo otros médicos y personal, incluyendo a una Sierva de María que pidió la intercesión de M. Soledad Sanjurjo, para este niño, ellos son testigos de mi testimonio.
Para sustentar científicamente este hecho, adjunto el récord médico del paciente.