San Leonardo oyó decir a un moribundo: “Mi mejor tesoro para llevarme a la eternidad son las misas que he ofrecido”.
San Bernardo decía: “Si fuera capaz de ver los espíritus, verías en cada altar a los ángeles de Dios, mientras se celebra el santo sacrificio”.
Santa Matilde pregunto a Nuestro Señor: ¿Qué método habrá para asegurarme una santa muerte?”. Y una voz le respondió: “Asistir devotamente a la Santa Misa”.
San Juan Bosco repetía muchas veces: “Sed entusiastas por la Santa Misa. Propagad la devoción a la Eucaristía, y veréis lo que son los milagros”.
A San Luis, Rey de Francia, le contaban maravillados que una monjita veía a Jesucristo en la hostia durante la elevación y el respondió: “A mí no me admira esto. Yo estoy tan seguro de que Jesucristo está en la Sagrada Hostia, que no necesito verlo para aceptar que si está allí presente.”
San Leonardo fue un propagandista de la Misa. “El repetía: “Por qué la gente no corre en tropel a asistir a la Eucaristía? Porque no tiene ni remota idea de los beneficios que les trae una Misa. Si lo supieran correrían todos cada día a asistir a ella. Cien veces más te pagara Dios. Los minutos de tu misa los multiplicara por cien veces más. Los metros que recorres para ir al Santo Sacrificio, las incomodidades que tienes que sufrir se multiplicaran por cien, y por mil”.