Hablamos continuamente de nosotros mismos; de nuestros problemas, de nuestros trabajos; de nuestras enfermedades; de nuestros conflictos; de nuestros deseos y aspiraciones; de nuestras añoranzas. Hablamos de lo que nos gusta y de lo que no nos gusta; de lo que pensamos y de lo que no pensamos; de lo que sabemos y de lo que ignoramos.
Hablamos y hablamos continuamente… palabras, palabras, palabras. ¿Pero cuándo y cómo escuchamos? ¿Nos detenemos a escuchar al otro? Mas bien lo interrumpimos; hablamos en paralelo; interferimos al otro con referencias nuestras personales, sin dejar que el otro acabe. Pero, ¿escuché? ¿Soy capaz de escuchar?
En realidad hablamos y hablamos porque necesitamos desahogarnos; nos sentimos agobiados con nuestros conflictos, o porque:
- Nos sentimos inseguros
- Estamos llenos de ruidos interiores
- Si no hablamos, explotamos
- Necesitamos que alguien nos apruebe
- Necesitamos que alguien nos gratifique
- Necesitamos justificarnos ante alguien
- Vivimos en la superficie
- Nos diluimos en lo externo y superficial
- Por falta de interioridad
- Por falta de profundidad y madurez
- Vivimos encerrados en nosotros mismos
- Somos incapaces de abrirnos
Mejor sería que tu mismo examines por qué hablas y hablas de ti, de tus cosas y de tu mundo.
¿Has probado escuchar? ¿Has probado escuchar sin más, acogiendo y recibiendo; lo que el otro te cuenta; lo que el otro te dice; lo que el otro transmite; lo que el otro quiere comunicarte o insinuarte? Es importante escuchar; enterarnos, limpia y llanamente, de lo que el otro nos habla; descubrir lo que los demás desean transmitirnos, sin necesidad de que les puntualicemos o corrijamos.
Es necesario escuchar a la persona entera, lo que expresa por fuera y lo que expresa más allá de sus palabra y manifestaciones. Escucha y acoge al otro, todo entero; lo que dice y lo que calla y lo que sugiere su silencio. Escucha y acoge al otro, con tu silencio o con tu palabra cercana o amiga. Escucha y acoge al otro, siempre desde tu silencio y atención amorosa, y con todo tu corazón.
Es importante escuchar y escuchar en silencio. Es un regalo de Dios saber escuchar…