Noé era agricultor y fue el primero que cultivó uvas. Un día bebió mucho vino y se emborrachó. Se quedó dormido y desnudo en medio de su tienda. Cuando su hijo Cam entró y vio a su padre borracho y desnudo, salió a contárselo a sus dos hermanos. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto y yendo de espaldas, para no ver a su padre borracho y desnudo, lo cubrieron. Cuando Noé despertó y supo lo que su hijo menor había hecho, burlándose de él, le dijo:
“Maldito sea Cam. Será esclavo de sus dos hermanos. Que Dios bendiga a Sem y Jafet y Cam será su esclavo”.
Después del diluvio, los descendientes de Noé se fueron separando para formar las naciones del mundo. En ese tiempo todo el mundo hablaba el mismo idioma. Y los hombres se dijeron unos a otros: “Vamos a hacer ladrillos en vez de piedras y cocerlos en el fuego” Usaron ladrillos en lugar de la piedra y asfalto en lugar de mezcla.
Después dijeron: “Vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. Así nos haremos famosos”.
Pero el Señor Dios bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo y dijo: “Confundamos su lengua de modo que no se entienden unos a otros”.
Así fue que el Señor los dispersó por toda la tierra. Por eso se llama BABEL, porque allí confundió Dios la lengua de todos para que no se entendieran, y los dispersó por todo el mundo.
Nosotros debemos procurar entendernos y saber escuchar para no confundirnos. Antes de hablar, escuchar atentamente al otro y luego compartir nuestro parecer con humildad. Así lo quiere Dios.