Amable y glorioso San José, dulce custodio del Hijo de Dios y esposo castísimo de la Inmaculada Flor de las Vírgenes y delicia de los Ángeles, en este día particularmente solemne, nos unimos a la Virgen Santísima, para dar gracias al Señor por los inmensos tesoros concedidos a tu alma privilegiada.
Eres patriarca, confesor y mártir por la penitencia; eres modelo de la virtud de la virginidad, de la sabiduría y de la búsqueda de la perfección.
Querido santo, grande entre los más grandes, deja que nuestro corazón vuelque en Ti las alabanzas más bellas y las inspiraciones más santas.
Para darte signo de nuestro tierno afecto, te ofrecemos hoy nuestro corazón para que Tú lo pongas entre las manos de Jesús, para purificarlo y hacerlo más dispuesto a la divina voluntad y consagrarlo al servicio de la Iglesia.
Padre Nuestro Ave María y Gloria
Augusto protector de las familias, Tú que has descubierto el precioso tesoro del silencio, del recogimiento de la vida interior, trae a nuestras casas el valor del espíritu, la preocupación por lo sobrenatural y la búsqueda sincera y continuada de la santidad.
Ayúdanos a mirar al cielo y fijar nuestros ojos en lo alto, hacia el azul y la paz; más puro será nuestro pan y más brillante será el gozo en la cara de nuestros hijos.
Tú que eres el gran patrono de los trabajadores, haz que los que nos fatigamos en las oficinas, en las fábricas, en los campos, en las escuelas, sepamos cambiar en don divino el sudor de cada día. Infunde en los pobres corazones que no piensan en tu querido Hijo, las consoladoras virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Padre Nuestro Ave María y Gloria
Mira piadosamente, en este día, en particular al Papa, a los Obispos, a los Sacerdotes, a los Religiosos y a todos los Cristianos. Potentísimo protector de la Iglesia Universal, Tú que salvaste a Jesús de las manos insidias de Herodes, sálvanos del pecado que solo sirve para nuestra ruina; sálvanos de los engaños de satanás, que pervierte sin piedad.
En este instante, socórrenos con tu ayuda, con tu potente intercesión, para que nosotros podamos decir, en compañía de tus devotos: “No recuerdo haber pedido gracia San José, sin ser escuchado”.
Estas son las gracias que Te pedimos: poder conservar siempre a Jesús en nuestro corazón, quererlo con toda el alma, con todas las fuerzas, y con toda la vida. A los que no conocen la Iglesia o a los que se han alejado, haz que vuelvan al redil con tu suavísimo llamado.
Padre Nuestro Ave María y Gloria